"Yo soy Wakan Tanka, el Gran Búfalo Blanco, lleva mi palabra a todos los hombres". El Hombre llamado Caballo.
"Creo que el denominador común del universo no es la armonía, sino la hostilidad, el caos y el asesinato". Werner Herzog.
El Ursus arctos horribilis es magnífico y como todos los osos ha sido objeto de veneración desde tiempo inmemorial. No es para menos: llega a pesar entre 400 y 1,500 libras, pero es un ágil trepador y alcanza hasta los 55 kilómetros por hora. Cuando se yergue en dos patas adquiere un terrible aspecto antropomorfo, de 2.44 metros de altura. Es un predador solitario y caza al ser humano.
Es territorial y cuando hiberna (falsa hibernación) lo hace en una cueva para renovarse después del invierno. Según el antropólogo Joseph Campbell este ciclo evoca un retorno a la madre Tierra y recuerda al de muchos héroes mitológicos. Así lo confirma el Kalévala. En tiempos protohistóricos las tribus fino-ugáricas lo consideraron el alma de ancestros difuntos. También hay evidencia de su culto entre los Ainu de China y es obvia su importancia en cuentos de hadas, en la heráldica (las armas de Benedicto XVI ostentan uno) y como emblema de ciudades. En tiempos modernos, ¿quién no sabe de un Teddy Bear o del Smokey Bear?
Timothy Treadwell (1957-2003) estuvo 13 veranos conviviendo con los grizzlis es el parque nacional Katmai, en Alaska. Como resultado de sus incursiones dejó más de cien horas de filmación las cuales sirvieron para producir Grizzly Man, dirigida, escrita y editada por Werner Herzog, uno de los más distinguidos directores alemanes (Aguirre, Ira de los Dioses, Fitzcarraldo, el remake de Nosferatu, entre otros).
La documental es magnífica porque Herzog también ha filmado en el campo en condiciones duras y por eso aprecia el valor de los rodajes de Treadwell, como cineasta. Pero, a la vez, por medio de comentarios agudos, señala el camino al alma de este rubio californiano quien, dice su padre en una entrevista, quedó segundo en el casting para seleccionar al actor del papel que desempeñó en Cheers, Woody Harrelson. También, vemos su transformación de un prometedor all american boy en un ambientalista enamorado de los osos, ansioso por morir en sus garras.
El impresionante paisaje de Alaska, los osos y dos increíbles zorros amigos de Treadwell sirven de marco para sus presentaciones en las cuales, en tono íntimo, va develando a un hombre en busca de sí. Me encantaría saber cómo lo hubiesen evaluado psiquiatras como Thomas S. Szasz (autor de, El Mito de la Enfermedad Mental), o Gregory Bateson (The Double Bind). Sin ambages Treadwell dice, por ejemplo, “siempre hubiera querido ser gay, hubiera sido mucho más fácil. Ustedes saben, es cabal ¡bing, bing! – chavos gay, no problemas. Van a los baños y a paradas de camiones para hacer el amor, es así de fácil para ellos y otras cosas”.
Tal vez así se explique la pobre relación que sostenía con Amie Huguenard, su compañera, muerta a los 37 años de edad, parcialmente devorada por uno de los osos que hizo lo mismo con él. Su culto a estos plantígrados fue tal que hasta le agradeció a una: “¡Oh, la osa Miss Chocolate me ha dejado su popó! ¡Es su caca! ¡Estuvo dentro de su trasero y todavía está caliente! ¡Éste es un regalo de Miss Chocolate!”.
No es fácil evaluar a Treadwell, tampoco se trata de eso. Más allá del ambientalista y del suicida, veo a un zoólatra, a un atavismo cultural, a un poeta que no supo escribir su poesía pero que la filmó con pasión y convencimiento. Gracias a él y a Herzog tenemos un legado único que grita por un análisis serio, trascendental, porque sería imposible comprenderlo con viles explicaciones de cinco centavos, como las que han infestado la Red con “puntos de vista”, “yo pienso que”, “me parece” o un tan mentado, “me imagino”.
Y lo digo con autoridad, porque yo también soy zoólatra, de los gatos, grandes y pequeños. Lo supe después de conocer al Treadwell de un Herzog desencantado, quien concluye: "Y lo que me espanta es que en todas esas caras de osos que Treadwell llegó a filmar, no descubro compañerismo, ni comprensión, ni piedad. Sólo veo a la abrumadora indiferencia de la naturaleza. Para mi no existe tal cosa como el mundo secreto de los osos. Y esa mirada vacía habla únicamente de un medio aburrido interés por la comida. Sin embargo, para Timothy Treadwell ese oso era un amigo, un salvador".
Imágenes: Discovery Channel.